Mucho se puede decir del poder de la palabra. Chamanes y curanderos han usado tradicionalmente “fórmulas” de sanación y la importancia de rezos y mantras también es milenaria. Más cercano a nuestro tiempo podemos destacar los libros de Louise Hay. En ellos repite la importancia de realizar afirmaciones positivas para mejorar nuestra vida.

Pongamos que detectamos que tenemos una falta de autoestima. En tal caso nuestra voz interna de forma habitual nos dará mensajes del tipo “eres tonto”, “no sabes hacer nada”, “nunca lo vas a conseguir” o “a los demás todo se les da mejor”. Cada vez que te dices estas frases baja la autoestima y se entra, por tanto, en un círculo vicioso.

La forma en que nos hablamos genera una determinada química en nuestro cuerpo e incluso afecta a nuestro cerebro.

La forma en que nos hablamos tiene un poder inmenso. Genera una determinada química en nuestro cuerpo (beneficiosa o no, según las palabras) e incluso afecta a nuestro cerebro. De ahí que cada vez más autores hablen de la importancia de las afirmaciones positivas. El tema es que esas afirmaciones tan buenas por más que las hacemos a veces no funcionan. Mis alumnos y pacientes siempre saben alguna historia de alguien a quien esto no le fue todo lo bien que dicen. Analicemos porqué.

Lo primero es necesario saber que las afirmaciones deben tener ciertas características básicas que serían:

- Ser enunciadas en presente:

“Yo tendré éxito” no vale. Lo correcto sería “Yo tengo éxito”.

- Ser enunciadas en positivo:

“No estoy gorda” lo sustituiríamos por: “Estoy en mi peso ideal”.

- Ser sentidas en el cuerpo como si fueran una gran verdad.

Lo segundo que hemos de saber es que al usar esas afirmaciones normalmente nuestra intención es generar una reprogramación auto elegida y positiva para nuestra vida. Es decir, que estas afirmaciones son como el David (consciente) que tiene que luchar contra Goliat (inconsciente). Frente a todo lo que nos han dicho, lo que creímos y la educación que nos ha condicionado durante años, pretendemos poner unas afirmaciones. A priori parece algo muy grande frente a algo demasiado sencillo y podemos no darle suficiente importancia. Pero uno de los secretos es la repetición. Es como abrir una brecha en el poderoso inconsciente para que se abra a lo que queremos. Para mantenerla abierta hay que insistir una y otra vez. La disciplina y el aceptar que, normalmente, los resultados serán a medio y largo plazo es muy importante.

A veces en nuestro interior estamos divididos. Una parte de nosotros quiere ser más feliz y otra probablemente tiene miedo.

Lo tercero y último realmente importante es darnos cuenta de que a veces en nuestro interior estamos divididos. Una parte de nosotros quiere ser más feliz, amarse más y toda una serie de beneficios objetivos que conscientemente deseamos. Otra probablemente tiene miedo y quiere quedarse como está. Esta es la parte menos consciente de nosotros. No es que sea mala, es que nos quiere a salvo a toda costa y cualquier cambio puede ser interpretado como una amenaza.

Pongamos que deseamos tener pareja. Hacemos afirmaciones presentes, positivas y las sentimos en el cuerpo. Quizás sean parecidas a: “Tengo pareja y soy feliz con ella”. Y nada ocurre. Preguntémonos: ¿realmente deseamos tener pareja? Puede que una parte de nosotros sí, pero otra se acuerda de las parejas anteriores, de que nos hicieron daño, de que al terminar la relación nos sentimos muy mal, de que una pareja, en definitiva, no solo trae cosas bonitas, si no que a veces duele.

Y nuestro cerebro inconsciente, siempre pendiente de nuestro mayor bien, no quiere nada que nos duela. Se acuerda de las ocasiones anteriores y no quiere que sufras, por lo tanto hará todo para evitar eventos parecidos y por más que hagamos maravillosas afirmaciones nada cambiará.

También puede ser que lo que queramos con nuestras afirmaciones sea atraer la abundancia. Una parte de nosotros quiere nadar en dólares a lo Tío Gilito y otra se pregunta: ¿me lo merezco? O bien desde la infancia escuchaste criticar a ese amigo o familiar al que le iban bien las cosas y era una persona despreciable, egoísta o consiguió el éxito por métodos no muy lícitos. Entonces el mensaje que tiene tu cerebro es “tú no quieres convertirte en alguien así, por tanto no tendrás más dinero”.

Conscientemente ya sabemos que todos queremos lo mejor, pero el inconsciente es mucho más rápido, mucho más poderoso y hará lo que sea por asegurarse lo que él entiende por nuestro bienestar (que muchas veces no será lo mismo que entendemos nosotros).

Los autosabotajes son los que hacen que muchas veces nuestras afirmaciones no funcionen.

Esta división interna es el origen de lo que llamamos autosabotajes y son ellos los que muchas veces hacen que nuestras afirmaciones no funcionen. ¿Qué podemos hacer con ellos?

1.- Descubrirlos.

2.- Una vez que del inconsciente pasan al consciente hay que liberar la energía y las ideas que los mantienen. Personalmente para ello uso EFT (la Técnica de Liberación Emocional).

3.- Repetir afirmaciones para afianzar lo nuevo que deseamos.

4.- Cambiar nuestro comportamiento en este sentido al menos veintiún días seguidos para que el cerebro lo grabe.

Con cada repetición eso que deseamos se irá integrando más y más en nosotros, hasta el punto de convertirse en inconsciente. Así es como cambiamos nuestra vida ¡y como funcionan las afirmaciones!

Artículo publicado originalmente en el nº1 de la Revista Imo

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