Desde hace años uso la Técnica de Liberación Emocional (EFT) en mis terapias. Al principio, creo que como a la mayoría, no me daba mucha confianza de tan simple que es, pero con el tiempo me he rendido del todo. Como dice el neurocirujano Roberto Rosler “no somos seres racionales somos seres emocionales”.

Emocionalmente, antes de sentirme a gusto con los seres humanos, quienes se ganaron mi corazón del todo fueron los animales. Mis gatos prueban cada terapia que comienzo yo: Reiki, cristales, flores de Bach y, claro, EFT también.

Aunque en las escasas ocasiones que he tenido de hacer EFT a un animal ha habido éxito, no tengo suficiente experiencia como para decir que siempre funciona. Por eso, cuando me enteré de que habían abierto la Gatoteca vi una oportunidad para compartir y para practicar. La Gatoteca es un lugar en Madrid donde puedes ir a tomar un té y estar rodeado de gatos. Disfrutar de sus juegos, de verlos dormir, de sus miradas y de que, si les apetece, se rocen contra ti. Lo mejor es que si alguno te gusta puedes adoptarlo, porque sobre todo es una colonia de gatos controlada que ayuda a estos pequeños a encontrar su hogar definitivo y a nosotros, los humanos, a conocerlos mejor.

Tener a un montón de gatos juntos sí o sí suele implicar estrés felino. Sobre todo sabiendo que los peluditos van cambiando (cuando adoptan a uno entra otro nuevo) y que son recogidos, que conlleva habitualmente experiencias que pueden no ser muy sencillas. Sabiendo todo ello, era el lugar ideal para practicar EFT con animales.

Gracias a una amiga contacté con la directora, Alex, que se mostró muy abierta a todo lo que pudiera ayudar a los felinos. Honestamente no podía decirle que lo que iba a hacer funcionaría genial, solo que las veces que lo había hecho había ido bien. Me propuso trabajar con George, un dulcísimo gato blanco y naranja. Había llegado hacía casi cuatro meses y no terminaba de adaptarse. A veces había alguna pelea con algún otro gato, pero lo que sobretodo había era indiferencia. Se pasaba las horas hecho una pelota sin reaccionar a su entorno.

De su historia sabía poco, solo que su responsable era una señora mayor que había tenido que ir a una residencia. Terminando él en la Gatoteca.

Estuve con él un rato, haciéndole EFT y acariciándole. Se dejó tocar, incluso dejó que le hiciera tapping (que le diera golpecitos en puntos de acupuntura) sin moverse mucho. Quedamos en que haría su terapia durante esa semana a distancia. Nos veríamos a la siguiente semana.

A la mañana siguiente comencé haciendo EFT a distancia, con una ronda completa en los puntos básicos diciendo “Soy George, soy George, soy George”, para conectar con su energía. A partir de ahí comencé el tapping. Como hace años que hice mi formación de Comunicadora Animal creo que eso facilita mucho mis terapias con animales en el sentido de abrirme, no juzgar y fluir con la experiencia.

Para los que nunca hayáis probado EFT os diré que normalmente centramos el problema en una frase que tiene la siguiente estructura:

“Aunque (decimos el problema), me quiero y me acepto”.

Es decir, que primero aceptamos que tenemos que trabajar ese tema y luego nos aceptamos a nosotros mismo teniéndolo. A continuación nos tocamos en distintos puntos de acupuntura (en eso consiste precisamente esta técnica) para liberar la emoción bloqueada.

Al trabajar con George, después de ponerme en su lugar, me comenzaron a venir frases del tipo:

“Aunque estoy triste me quiero y me acepto”

“Aunque estoy bajito…”

“Aunque no me apetece hacer nada…”

Pronto la temática cambió a:

“Aunque me siento abandonado”

“Aunque tengo una inmensa tristeza”

“Aunque echo de menos mi vida”

“Aunque creía que me querían”

“Aunque no entiendo nada”

Y también:

“Aunque este sitio no me gusta”

“Aunque hay muchos gatos”

“Aunque no encuentro mi lugar”

“Aunque me sobrepasa la situación”

“Aunque me sienta fuera”

Realmente yo desconocía que la sensación de George fuera de tanta tristeza y que se sintiera abandonado. Así se lo comuniqué a Alex que confirmó que eso era muy posible y que ya se veía que, con una sola sesión, estaba más activo, comía mejor y tenía mejor cara. ¡Menuda alegría que me dio! Muy animada continué los días siguientes ayudando a que liberara sus bloqueos emocionales, introduciendo poco a poco la Técnica de las Elecciones, con la que además de aceptar la emoción y a nosotros, elegimos algo nuevo. Más o menos era algo así:

“Aunque me agobie ser el nuevo, me quiero y me acepto y elijo saber qué es estar con muchos gatos”

“Aunque algunos gatos puedan ser un poco macarras, me quiero y me acepto y elijo aceptar que seguro que hay alguno con el que puedo llevarme bien”

“Aunque yo estaba tranquilo, solo en una casa, me quiero y me acepto y elijo que tener una relación con otro de mi especie puede ser divertido”

“Aunque realmente preferiría estar en una casa con una familia que me quisiera, me quiero y me acepto y elijo disfrutar de esta experiencia que puede ser única en mi vida”

De esta manera pasó de estar “en modo bicho bola” (palabras de Alex) a comportarse un pelín macarra. Bueno, se nos iba activando el peque. Al menos se relacionaba.

Al siguiente día de terapia noté menos tristeza y más querer saber “¿Cuál es mi territorio?”. Así que el tapping fue más en el sentido de “Aunque me cueste saber cómo comportarme, me quiero y me acepto” o “Aunque no tengo claro cómo relacionarme, me quiero y me acepto y elijo intentarlo”.

A los seis días George iba mucho mejor, más activo, menos especial con la comida (antes comía peor), un poco más desafiante con algunos (que ya no le caían bien de antes), pero más tolerante con los demás en general. Vamos que todo un cambio.

Si ya me alegra ver cambios positivos en mis pacientes humanos, ni os cuento en los animales. Es realmente maravilloso poder devolverles un poquito de todo lo que ellos nos dan. Así que me alegró la semana, la verdad.

Luego Alex me propuso ir a la Gatoteca (físicamente esta vez) ya que sus compañeras, las cuidadoras felinas, tenían mucha curiosidad por saber “qué había hecho con George”.

Toda esta experiencia ha sido maravillosa a nivel personal y como profesional de EFT. Uno nunca deja de descubrir las posibilidades de esta técnica, realmente creo que puede hacer mucho bien a la humanidad y, cada vez estoy más convencida, al mundo animal también.

Como curiosidad os cuento que George ya está adoptado y feliz con una nueva familia. Por fin ha encontrado un lugar donde le van a amar como él se merece, con una hermanita felina con la que jugar. Gracias George por la experiencia, espero que muchos otros gatos puedan ser más felices liberando sus bloqueos y que como humanos podamos abrir nuestros corazones a vuestras emociones.

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