¿Cuánto es sano cuidarse sin ser egoístas? ¿Con qué facilidad te sientes atacado? ¿Estás siendo una persona adaptable o estás negando tus necesidades? ¿Consideras a los demás idiotas para evitar relacionarte con ellos? ¿Cómo de sencillo te resulta ponerte objetivos e ir a por ellos?

¿Crees que cuidarse y poner límites es de personas egoístas?

Conscientes o no, todos tenemos respuesta para estas preguntas. Cada una de ellas delimita un espacio en el que nos sentimos cómodos, lo que se suele llamar “zona de seguridad o confort”. Para crecer, desarrollarnos y descubrir nuevos recursos internos es necesario emprender una aventura más allá de nuestras fronteras. El primer paso para hacerlo es dedicar un tiempo a conocer los límites que nos hemos puesto. Al estar basados en creencias, a veces, es difícil verlos. Quizás tu pareja o algún amigo te hayan ayudado en alguna ocasión a reflexionar sobre lo que es o no seguro para ti. Asimismo es habitual que la vida te haya puesto alguna circunstancia delante en la que hayas podido ver claramente tu creencia limitante sobre algún tema. Es común que nos pillemos sintiéndonos culpables por mirar por nosotros, que cueste hacer algo nuevo por el qué dirán o que nos hagan una buena propuesta y la rechacemos con un “eso es demasiado para mí”, “hay que ser realistas, eso no va a pasar” o “si hiciera eso no sería yo”.

Personalmente, cuando los alumnos me dicen que ver creencias propias les resulta muy difícil siempre les recomiendo que investiguen sobre el Eneagrama. El Eneagrama es un sistema que divide en nueve los tipos de personalidad. Hoy por hoy en todo el mundo se reconoce como el método más efectivo de autoconocimiento y desarrollo personal. Es así porque una vez has identificado tu tipo empiezas a comprender que lo que tú creías que eras es sencillamente una estrategia. Una vez descubierta, toca ver qué te ha llevado a elegirla. En ese proceso vemos sus beneficios en tu vida y también cómo te limita a la hora de escoger cualquier otra. Digamos que cada uno hemos elegido, de alguna manera, ponernos algún tipo de corsé rígido que nos evita movernos con libertad. Para quitárnoslo, antes hemos de verlo. Y poco a poco tendremos la oportunidad de ir soltándolo, expandiendo nuestros límites:

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  • Si todo es correcto o incorrecto, sin ver otras posibilidades, te estás limitando.
  • Si aceptas mejor que otros te cuiden que hacerlo tú, te estás limitando.
  • Si tienes que tener siempre una imagen perfecta, te estás limitando.
  • Si te dejas arrastrar por tus emociones sin poder evitarlo, te estás limitando.
  • Si evitas el contacto con otras personas, te estás limitando.
  • Si siempre piensas en lo peor que puede ocurrir, te estás limitando.
  • Si te cuesta parar y tomarte tiempo para ti, te estás limitando.
  • Si aceptar que eres vulnerable te da miedo, te estás limitando.
  • Si tu prioridad es no llamar la atención ni discutir, te estás limitando.

Hay muchas formas de limitarse, cada uno elige de forma inconsciente la que le resulta más cómoda. Luego la usa durante años hasta que se identifica con ella, y cree que es eso. Cuando entras en contacto con el Eneagrama no puedes creer que eso que sientes y piensas, y de lo que probablemente no has hablado con nadie, esté en un libro, un curso o alguien te lo pueda contar con toda la calma. Ante este shock hay dos opciones:

¿Huyes o te zambulles?

a)   Huir. Algunos alumnos me han confesado que les había impactado tanto la dosis de realidad sobre sus vidas que necesitaban tiempo para procesarlo y que por el momento decidían que no querían estar en contacto con este método. Por supuesto, es una opción totalmente respetable y es estupendo que conozcan cuál es su momento.

b)   Zambullirse. Otros después del impacto se quedan totalmente enganchados. Quieren saber más de sí mismos como sea, saber de los demás, comprender, observar. Algunos alumnos me envían mensajes al móvil contándome que han visto una película y que se han pillado a sí mismos intentando entender la estructura de personalidad del personaje. Se reúnen con amigos y comienzan a observarles con otros ojos, se hacen preguntas que antes ni se habían planteado, de pronto saben que pueden entender más ¡y quieren hacerlo! Y lo estupendo es que empiezan a salirse de su estructura de personalidad, de su eneatipo, prueban cosas nuevas, juegan, se ilusionan y ¡crecen! 

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Tenemos más miedo a brillar que a quedarnos como estamos.

Es importante reconocer que ni tú ni yo estamos manifestándonos en toda nuestra grandiosidad. Sí, he escrito “GRANDIOSIDAD”, si una voz interior dentro de ti te ha dicho que me he pasado ya te voy adelantando que es un límite común en los seres humanos. Nos cuesta aceptar el increíble, maravilloso, extraordinario, sorprendente y asombroso potencial que tenemos. Te confieso que yo tampoco lo asumo al cien por cien, es lo normal. Nos dicen desde pequeños que eso que queremos “es imposible”, “no es para gente como nosotros”, “es de personas raras”, “no lo hace nadie en la familia”, “es molesto para los demás”, “nunca lo conseguiremos”, “es mejor no intentarlo”, “no es seguro”, “es incorrecto” y una larga lista de razones por las que deberíamos de conformarnos. Y lo hacemos. Porque es lo que se suele hacer habitualmente, porque “la vida es así”, pero sobre todo lo hacemos porque tenemos más miedo a brillar que a quedarnos como estamos.

Mi propuesta es que te conozcas a ti mismo, que al menos comiences a vislumbrar a dónde puedes llegar, que aceptes que eres muchísimo más que esto que eres ahora. Recuerda que cada pequeña conquista que realices, abrirá la puerta a los que vengan detrás. 

Raquel Rús

Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.

Este artículo ha sido originalmente publicado en Junio de 2018 por la Revista Universo Holístico. 

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