Tu visión de la vida no es tuya. Andas convencido de que tus valores son tus valores, tu equipo de fútbol es tu equipo de fútbol y lo que deseas en la vida es lo que deseas en la vida. Pues bien, no es así.

Toda nuestra vida está construida a partir de creencias. Hace tiempo escuché una frase que me gustó mucho: "nos dijeron que teníamos que ser realistas, pero no nos dijeron cuál era la realidad". Tal cual.

Tus creencias no son la verdad. Son lo que te han contando que es la verdad.

Hemos crecido escuchando que si estudiamos seremos alguien en la vida (como si no lo fuéramos ya solo por existir), que para tener dinero hay que esforzarse y trabajar  (cuando solo con poner la tele ya podemos ver gente que gana mucho más que nosotros solo por contar su vida), que los hombres engañan (como si las mujeres nunca fuéramos infieles), que las mujeres son incomprensibles (en lugar de enseñar que cada persona es única y merece ser escuchada para poder ser entendida), que los niños deben de ser buenos (refiriéndose a que sean dóciles para no molestar y que sus ocurrencias y preguntas no nos muevan por dentro), que los desconocidos son peligrosos (sin pensar que mucha gente no nos conoce a nosotros y eso no nos convierte en seres terribles)... Y así años de mensajes más o menos inconscientes que no nos molestamos en reevaluar, se convierten de tanto escucharlos en "La verdad".

Con el tiempo no comprendemos por qué no somos felices, nos cuesta ir al trabajo por la mañana o tenemos esa sensación de vacío dentro. Y es que señores, nosotros no nacimos para esto.

De pequeños nos rebelábamos, decíamos lo que pensábamos y hacíamos preguntas impertinentes sin parar hasta conseguir una respuesta satisfactoria. Nos sentíamos vivos.

Si sientes el vacío dentro de ti, es porque no estás llenando tu vida con lo que te hace feliz.

Entonces llegaron las creencias y nos dijeron que paráramos de descubrir, que todo estaba ya hecho y nos iban a decir cómo iba el tema, cómo era esto de vivir. Ese fue el fin de la ilusión, de la aventura y de la vida misma en su esencia. Pero como sigues vivo, puesto que puedes leer esto, te diré que era mentira. Una de esas mentiras llamadas piadosas. Con la mejor intención quisieron llenar tu vida de seguridad y de normas, para que encajaras y no sufrieras.

Eso supone que desde fuera nos dicen qué es correcto pensar, sentir, comer, amar y odiar. Seguirlo supone tomar el camino de la mínima resistencia, algo para lo que, por otra parte, estamos programados. Gurdjieff decía que “el camino que conduce al desarrollo de las posibilidades ocultas en el hombre es un camino que va contra la naturaleza”. Lo curioso es que hacer cambios en nuestra vida supone que nuestro cerebro tenga que cambiar físicamente. Esto implica realizar nuevas conexiones neuronales y para ello necesitamos consumir más energía del cuerpo. Nuestra programación ancestral dice que lo prioritario es existir, sobrevivir con el mínimo consumo, por lo que realmente cambiar nuestras creencias, hacernos preguntas o ver la vida con nuevos ojos sorprendentemente iría en contra de nuestra naturaleza. Lo cual es una inmensa contradicción porque la parte que no es tan básica de nosotros, llamémosla alma, nos dice que hay que sentir, apasionarse, arriesgar, confiar, sufrir, descubrir y crecer.

Por tanto ¿cómo hacemos para reconciliar la necesidad de seguridad que nos dan nuestras creencias con la imperiosa llamada de la aventura de nuestro ser más íntimo? ¡Negociando!

Es momento para que dejes de sobrevivir y comiences de una vez a VIVIR

Esther Perel, experta sexóloga, dice que mucha gente es infiel a su pareja después de sufrir la muerte de alguien cercano. Como si ese shock nos hiciera ver que hay que vivir y si nuestra pareja no nos hace sentir vivos, nos vamos a otra parte para sentir de nuevo. Por eso se llama tener una “aventura”.

Lo maravilloso sería no “tener” aventuras si no “ser” aventureros. Para ello esa parte de seguridad necesaria de la que hablábamos deberíamos de encontrarla dentro de nosotros mismos. Estudiar, leer, escuchar, hablar, hacer terapia o viajar para cada vez tener más recursos con los que podamos estar bien, pase lo que pase en nuestra vida. Todo para perder el miedo al qué dirán, qué pasará, que pensarán, qué será de mí y sustituirlo por una apertura de corazón y mente que nos permita lanzarnos confiados en que el universo nos sostendrá. Y si tenemos malas experiencias que podamos convertirlas en aprendizajes, si algo nos duele que profundicemos hasta las raíces para liberarlas y enfrentar el miedo a vivir que habitualmente es incluso mayor que el miedo a morir.

Para empezar tu vida como aventurero cada semana haz algo que nunca antes hiciste, prueba una comida exótica, entra en una tienda para gente distinta a ti o habla con un extraño. Atrévete a decir la verdad de tu corazón, di que amas, que eres vulnerable, que tienes miedo. Prepara un viaje, no hace falta ir al fin del mundo, puede ser a un pueblo cercano, lo importante es que lo hagas con ilusión y te apasione en proceso. Abraza cuando quieras abrazar, llora cuando te apetezca y grita de vez en cuando aunque sea en tu casa solo, que también es muy sano. Baila y canta con el cepillo en la mano, coquetea, ponte guapo, siente el aire de la mañana en la cara sin emitir opiniones sobre si es muy frío, muy caliente o te resecará la piel. Solo siente. Permítete ser sin más.

Ponte metas pequeñas y cúmplelas, cada vez que lo hagas ganarás en libertad y querrás más. De esta manera, dentro de unos años mirarás atrás y verás que sí, que para esta aventura sí que naciste y que lo importante de la vida te lo llevas puesto allí donde vayas porque ya es parte de ti. Que naciste para vivir y es justo lo que estás haciendo.

 

Comparto contigo la versión online del artículo publicado en la Revista Universo Holístico: http://issuu.com/universoholistico/docs/uh94_web/57?e=3161993/36097948
La revista es de distribución gratuita así que lo mismo está en tu herbolario.

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