El año pasado me llamó la atención una noticia que causó gran polémica. Una presentadora de televisión hizo una reflexión sobre si los órganos de un presunto asesino debían ser donados para trasplantes, puesto que no estaba claro que en ellos no estuviera el alma del donante.

Parece que esta mujer es conocida por hacer reflexiones no muy lúcidas, pero tengo que decir que esta en concreto no está carente de sentido.

Obviamente el hecho de que un órgano pueda tener la energía de la persona, puede ser como poco digna de controversia. En este sentido el director de la Organización Nacional de Trasplantes, se dio prisa en declarar que ni los riñones, ni el corazón ni el hígado "transmiten absolutamente nada de la experiencia vital del donante" y que “todo lo demás son puras especulaciones”.

El tema es que cada vez hay menos especulación y más ciencia tras esta afirmación. Y claramente desde un punto energético, tengo que decir que si nuestro cuerpo lo forma nuestra alma o principio vital (como queramos llamarlo), generando así su instrumento para venir a vivir una experiencia terrenal, es más que claro que, no un órgano, si no cada una de nuestras células tiene grabado nuestro patrón energético. Ya que nacen de él.

Por tanto sin lugar a dudas cuando se produce un transplante a nivel físico (sabiendo que la materia no es más que energía densa) estamos realizando también un transplante energético. De un campo en otro campo. Y por tanto afectando a ese campo con toda la información (pensamiento, emoción, recuerdo) que traiga el órgano.

Como es un tema interesante, volvamos a los experimentos científicos. En el libro “La Matriz divina” de Greg Braden, nos cuenta que “durante la década de los noventa, los científicos que trabajaban con el ejército de los Estados Unidos, investigaron si el poder de nuestros sentimientos seguía o no teniendo un efecto en las células vivas, específicamente el ADN, una vez que esas células dejaban de formar parte de nuestro cuerpo. En otras palabras, cuando se tomaban muestras de tejido, ¿seguía la emoción teniendo impacto positivo o negativo sobre ellas?

La sabiduría convencional asume que no. Siguiendo una línea tradicional de pensamiento, una vez que los tejidos, piel, órganos o huesos son retirados de una persona, cualquier conexión con esas partes del cuerpo no debería existir. Este experimento, sin embargo, nos demuestra que algo muy distinto está ocurriendo en realidad. En un estudio descrito en 1993 en el periódico Advances, el ejército realizó experimentos para determinar precisamente si la conexión entre las emociones y el ADN perduraba después de una separación, y si así era, a qué distancia. Los investigadores comenzaron por recolectar una muestra de tejido y de ADN de la boca de un voluntario. Esta muestra fue aislada y llevada a otra habitación del mismo edificio, en donde comenzaron a investigar un fenómeno que la ciencia moderna dice que no debería existir. En una cámara especialmente diseñada, el ADN fue medido eléctricamente para ver si respondía a las emociones de la persona de la cual provenía: el donante que estaba en otra habitación como a cien metros de distancia.

En su habitación, el sujeto fue expuesto a una serie de imágenes de video. Diseñado para crear estados genuinos de emoción en su cuerpo, este material variaba entre documentales gráficos de guerras, imágenes eróticas y comedia. La idea era que el donante experimentara un espectro real de emociones en un breve periodo de tiempo. Al hacerlo, en otra habitación, las repuestas de su ADN estaba siendo medidas.

Cuando el donante experimentó "picos" y "caídas" emocionales, sus células y el ADN demostraron una poderosa respuesta eléctrica exacta, en el mismo instante. A pesar de la distancia de más de cien metros que separaba al donante de las muestras, el ADN actuaba como si siguiera físicamente conectado a su cuerpo”.

El ejercito suspendió ahí el experimento, pero el que lo diseñó siguó con las pruebas. Llegando a demostrar que a una distancia de 560 kilómetros entre el donante y sus células, las respuestas eran simultáneas (medidas con un reloj atómico localizado en Colorado).

Algo que se explica porque el campo cuántico enlaza todo lo que existe. Según el doctor Jeffrey Thompson: "En realidad, no hay un lugar en donde el cuerpo termina y no hay lugar en donde comienza”.

Para Braden el experimento sugiere cuatro cosas:

1.- Existe una forma de energía previamente desconocida entre los tejidos vivos.

2. Las células y el ADN se comunican a lo largo de este campo de energía.

3. La emoción humana tiene una influencia directa sobre el ADN vivo.

4. La distancia parece no tener consecuencias respecto a este efecto.

Asimismo en 1999 los doctores P. Pearsall, G. E. Schwartz y L. Russek publicaron un estudio con diez ejemplos de personas que sufrieron cambios de personalidad después de recibir un trasplante de corazón.

Esos nuevos comportamientos estaban relacionados con la personalidad de los donantes. Desde un obrero de clase baja racista que al recibir el corazón de un hombre negro comenzó a escuchar música clásica (el donante tocaba el violín) y a invitar a comer a su casa a compañeros de trabajo negros, a una mujer tranquila con hábitos saludables que se transformó en agresiva e impetuosa tras recibir los órganos de un joven delincuente. El nombre de esta mujer es Claire Sylvia y tanto impactó esto en su vida que escribió un libro llamado “Un corazón cambiado”, contando su experiencia.

Ejemplos hay muchos, pero lo importante realmente es aceptar que tenemos cada uno un patrón energético que emitimos al mundo y que afectamos a todo lo que nos rodea, y obviamente a nosotros mismos en primer lugar.

Todo esto no quiere decir que no haya que donar los órganos o recibirlos. Eso es una decisión individual de cada uno. Sin lugar a dudas la donación es un acto de generosidad inmenso y ante la muerte o la donación, creo que casi todos elegiríamos recibir ese órgano. De cualquier manera es bueno hacer ambas cosas con conciencia.

Ojalá llegue el día en que tengamos una terapia energética específica que haga ese órgano un poco más nuestro (así habría menos rechazo de órganos). Quizás dándole Reiki, visualizándolo como se baña con nuestro patrón e integrándolo en cada una de esas células… Estoy segura de que eso llegará. Bueno, para ser honesta creo que eso será solo un paso, y que al final no necesitaremos donaciones porque aprenderemos a reparar nuestro físico tratando nuestro mental-emocional-espiritual. La medicina mental energética, para mí es lo próximo, quizás lo veamos en nuestra próxima reencarnación, puede que incluso en esta. Lo importante es recorrer el camino sabiendo cada vez un poquito más de quiénes somos y dónde estamos.

 

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