Para no repetir tu historia primero tienes que conocerla. Como seres cíclicos que somos tendemos a repetir, igual que la naturaleza. Aquello que no pudimos solucionar en su momento, llega a nuestra vida una y otra vez como si lo invocáramos para darle salida.

Escucho mucho en terapia a personas que solo ver a su jefe les pone mal cuerpo. Me lo suelen describir como un soberbio, que no les escucha, que no respeta su opinión. Entonces solo tengo que preguntar “¿a quién te recuerda?” para que les cambie la cara. Un noventa por ciento de las veces les trae a la memoria a su padre, que tampoco les respetaba, que jamás apreció lo que hacían, que siempre fue distante. Esto no quiere decir que todos los jefes sean como nuestra figura paterna, hay que recordar que nuestra atención es selectiva. Muchos de mis pacientes tendrán en el trabajo gente así y nunca lo han mencionado, de hecho quizás hayan conseguido llegar a entendimientos con ellos que les sirvan para trabajar a gusto. Lo curioso es que aquellos que necesitan liberar su historia con el padre sí que lo comentan.

Repetimos porque dentro de nosotros hay algo que sigue buscando una solución

Pasa igual con el tema de pareja. “Siempre me engañan”, “siempre me lío con extranjeros”, “siempre me gusta alguien que tiene ya una relación”, “siempre me dejan por otra persona”… Los “siempres” suelen tener detrás un ciclo que no termina de liberarse. ¿Cómo se libera un ciclo? Rompiéndolo. ¿Cómo se hace? Llevándolo al consciente. Somos animales repetidores inconscientes. Y no es que haya mala suerte o un cerebro que quiere destrozarnos la vida, es que dentro de nosotros hay algo que siempre busca una solución para algo que pasó en nuestra historia o en la de nuestra familia. Si no logra salir del ciclo en una historia buscará otra parecida, una nueva oportunidad. También es verdad que otras veces se queda con la misma historia sin poder salir, como un balón encerrado que se pasa la eternidad rebotando. De nuevo, la forma de salir pasa por la consciencia.

Para poner consciencia en nuestra vida es necesario reflexionar ¡e investigar! Primero empezamos preguntando a la familia: ¿cómo fue mi nacimiento?, ¿a quién me parezco?, ¿a qué edad nos mudamos de casa?, ¿qué tal me fue en el cole?, ¿cómo llevé el nacimiento de mi hermano? Aconsejo habitualmente hacer el árbol genealógico ya que solemos repetir la historia familiar, también para sanarla. Imaginemos que en ese árbol hay alguien relacionado en fechas contigo (explicaré más adelante cómo se calcula) al que abandonaron en el altar. Ese fue el drama familiar. Todo el pueblo estaba presente, fue una gran humillación pública y esa persona nunca más quiso estar con nadie. De manera que lo que el inconsciente familiar te transmite es “las parejas abandonan, humillan y te hacen un desgraciado”. Por tanto ese mismo inconsciente hará de todo para que no estés en pareja, creyendo que así te protege. Aunque en realidad puede estar haciéndote la vida muy triste. Para liberarte de esa historia hay que sacarla, verla y tomar consciencia de que no es tuya, de que la intención es buena, pero que es algo del pasado que se puede dejar atrás.

¿Conoces la historia de tu familia? ¡Toca investigar!

Entonces, ¿qué es necesario buscar cuando hacemos nuestro árbol? Lo primero que hay que aclarar es que nuestro árbol materno es tan importante como el paterno. Hay pacientes que tienen la tendencia a hacer solo una de sus ramas. Se hacen las dos. Para ello lo primero es localizar los nombres completos de los miembros de la familia (si hay quien tiene tres nombres, pues los tres), sus fechas de nacimiento y defunción, e incluso tener localizado el día de su santo. Luego iremos a por las historias personales de cada uno: abandonos, violaciones, adulterio, prostitución, incestos, tocamientos ilegítimos, venéreas, malformaciones, muertes prematuras, asesinatos, suicidios, abortos, robos, tiempo en prisión, secretos inconfesables, accidentes, enfermedades (físicas y mentales), parecido físico, adopciones, herencias, ruinas, profesiones, aficiones, traslados, posición entre los hermanos (primogénito, pequeño, etc.)… Escucha con atención las historias familiares que llevas oyendo toda la vida. Esa en la que a la bisabuela la abandonó su madre dejándola en casa de unos familiares, la que cuenta como a los tatarabuelos les robaron todo en la guerra o cómo la hermana del abuelo murió en un parto. No me estoy olvidando de que en toda familia también hay preciosas historias de amor, golpes de suerte y hermanos que se adoran. Lo que pasa es que nada de eso será un problema para tu vida.

A priori parece una tarea enorme, todo es empezar y la historia se va abriendo. Un buen comienzo es hacerse con un cuaderno y preguntar a los miembros más mayores del clan. Apuntar lo que nos cuentan y recuerdan. Nadie nos va a contar toda la historia con pelos y señales, pero al saber lo que dicen podemos deducir lo que omiten. También podemos pillar alguna mentira y darnos cuenta de lo que callan.

Los secretos familiares, esos de los que no se habla porque está prohibido, tienen una energía importante que es interesante liberar.

Tras hablar con ellos lo recomendable es consultar fuentes oficiales: registro civil y archivo municipal. En el registro civil nos pueden dar partidas de nacimiento y defunción. Para ello es necesario saber la fecha y el lugar de los hechos. Si no sabemos alguna, lo que es habitual, podemos pedir el padrón en el archivo municipal. ¿Cómo lo usamos? Pongamos que no sabemos la fecha de nacimiento de la abuela, pero sí la de nuestro padre. Digamos que fue en 1952 y que nació en su casa. En tal caso vamos al archivo y pedimos el padrón de los años 1950 y 1955. En él habrá un listado de los miembros de la familia que vivían en esa casa en esos años, con sus fechas de nacimiento, nombre completo y ocupación. Por tanto, ya tendremos la fecha que nos faltaba de la abuela.

Lo ideal es buscar cuatro o cinco generaciones por encima de la nuestra, todo es intentar conseguir lo máximo hasta donde lleguemos. A veces los archivos se quemaron en la guerra y hay que recurrir a las parroquias, la cosa es ir tirando del hilo todo lo posible y trabajar con la información que consigamos.

Las fechas son importantes porque para la psicogenealogía, también llamada transgeneracional, según nuestro día de nacimiento estaremos relacionados por fechas con unos u otros miembros del clan. Donde tenemos que poner más energía en nuestra investigación en es aquellos que coinciden en fechas con nosotros. Consideramos que están relacionados aquellos cuya fecha de nacimiento (desde siete días antes de la misma, hasta siete después), coincide con la nuestra. Pongamos que hemos nacido el 9 de septiembre, entonces serían aquellos nacidos entre el 2 y el 16 de septiembre. Y tenemos en cuenta no solo nuestro mes sino tres meses antes, seis meses antes y nueve meses antes. En este caso serían los nacidos del 2 al 16 de septiembre, junio, marzo y diciembre.

Dicen que el noventa, e incluso el noventa y cinco, por ciento de las decisiones de nuestra vida son inconscientes. Para ganar en libertad, tomar las riendas de nuestra vida y llevarla hacia donde nosotros queramos, primero hemos de conocernos mejor. A partir de ahí las piezas empiezan a encajar, soltamos lastre y dejan de pasarnos las cosas de “siempre”.

Este artículo ha sido originalmente publicado en Junio de 2017 por la Revista Universo Holístico. La revista es de distribución gratuita así que lo mismo está en tu herbolario.

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