Cuando alguien pregunta ¿qué es el eneagrama? Tendemos a contestar que es un conocimiento que divide en nueve los tipos de personalidad. Eso hace que muchas personas se sientan encasilladas, como si alguien hubiera conseguido limitar lo que son a una serie de características predecibles y cerradas. Se pueden llegar a preguntar “¿soy solo eso? ¿no hay nada más?”. La respuesta clara es: “Sí, eres mucho más que la personalidad, de hecho no eres la personalidad. La personalidad es tu careta y detrás de ella está la esencia”.

Conocer el eneatipo es una manera de hacer consciente la personalidad, de manera que nos podamos separar de mecanismos inconscientes y ganar en libertad. ¿Qué supone eso? Dejar a la esencia manifestarse sin filtros.

Para hacerlo simple digamos que somos esencia. Cuando esa esencia llega a las tres dimensiones y se reencarna se desconecta de sí misma. Nos olvidamos de quiénes somos de verdad y ahí nace la personalidad que finge ser algo que le gustaría ser, pero teme no ser en realidad (de ahí que lo finja). Lo más gracioso de la historia es que nuestra personalidad finge ser lo que es en realidad nuestra esencia.

Es como si ese deseo subconsciente de lo que quiere ser fuera en realidad un eco de lo que es buscando manifestarse. El no sentirlo nítidamente asimismo provoca una fuerte sensación de carencia.

¿Qué genera la desconexión inicial? Lo habitual es que la esencia llegue a un entorno que identifica como inseguro, con abusos o falta de sensibilidad hacia sus necesidades. Los padres, sin ninguna mala intención, no llegan a comprender la profundidad de la conciencia y el bebé es absolutamente permeable, por lo que convierte en suyo el entorno y se termina identificando con él. Hacia la edad de seis o siente años su cerebro tiene un gran cambio y asume su separación de los demás, su individualidad. Todo esto genera una serie de estructuras psicológicas inconscientes que mantendrán la ilusión de separación hasta que sean conscientes.

Asimismo dará a la persona la sensación de que algo no va bien, como si faltara un elemento importante, una insatisfacción y carencia de sentido que se esforzará por suplir. Buscará en muchos lugares, pero hasta que no busque en su interior no encontrará lo que necesita, ya que está al nivel de la esencia, no al de la personalidad.

Cada eneatipo habla de una problemática de separación diferente. Almaas, autor del libro “Facetas de la unidad”, llama a éstas “Ideas Santas”. Es aquello que creemos haber perdido y que no es otra cosa que el aspecto principal de nuestra verdadera esencia. Son diferentes perspectivas de una misma cosa, ya que en esencia todos somos iguales. Conocer nuestras desconexiones nos permite llevarlas al consciente y facilita nuestra reconexión.

Para verlas comenzaremos por la figura central del eneagrama y seguiremos por los demás eneatipos. En algunas tradiciones el triángulo es el símbolo de la divinidad y justo aquí habla de la pérdida del contacto con nuestra parte divina: la esencia. El nueve representaría la pérdida del contacto, algo que provoca miedo (seis) y genera una reacción que es desarrollar una falsa personalidad (tres). Veámoslo en detalle:

 

- El eneatipo nueve

Situado en la parte más alta del eneagrama, representa la pérdida de contacto con nuestra verdadera naturaleza que, como hemos dicho, se produce en nuestros primeros años de vida en la Tierra. Esta desconexión les hace evitar llamar la atención sobre sí mismos, tanto externa (que no se les vea) como internamente (descuido por su vida interior, no escuchar sus sentimientos e ideas, ignorar sus necesidades).

La Idea Santa del nueve es el Amor Santo, que según Sandra Maitri es que “la naturaleza definitiva de todo lo que existe es beneficiosa y amorosa, todos somos amor”. Es ser consciente de que la realidad es amorosa y que todo lo que hay a nuestro alrededor es una manifestación del amor. Por tanto todo es positivo en su naturaleza esencial.

Al perder el contacto con esta idea el nueve intenta imitar lo que sería seguir en conexión y finge que todo está bien, aunque realidad no lo cree. Evita el conflicto para reducir el dolor que le provoca no considerar que la realidad sea amorosa o él digno de amor.

El origen de su desconexión podría ser una infancia en la que no se consideró amado de manera incondicional. Eso le generó la idea de ser invisible y de tener que resignarse a ello. Quizás ese no querer molestar provenga del miedo a perder el poco amor que recibieron.

Reconectar de forma verdadera implica que el nueve se cuestione sus creencias básicas sobre sí mismo, que enfrente su tendencia a la distracción y la evasión. Tendrá que observar los sentimientos que surgirán, buscar respuestas dentro de sí mismo, atender a sus deseos y sentimientos. Eso obviamente implicará un conflicto que ha de aceptar y enfrentar. Debe cultivar la acción para conectar con su propio mundo y ahí encontrará una estabilidad, paciencia y poder interior absolutamente reales. Conectará y habitará su cuerpo y en este proceso se dará cuenta de que él es “la manifestación y la encarnación del Amor divino” (en palabras de Sandra Maitri).

 

- El eneatipo seis

Las personas de este eneatipo parecen tener activa una alarma constante, quizás porque sus primeras necesidades físicas no se vieron satisfechas a causa del abuso o un ambiente peligroso. Basándose en ello, espera que en el futuro la situación se repita. Tiene ansiedad por su propia supervivencia y miedo a su muerte física.

La Idea Santa relacionada tiene dos nombres: Fuerza y Fe Santa. La Fuerza es reconocer lo que realmente somos: la Esencia. Fe es saber que eso es así porque nos conectamos con nuestra esencia, la experimentamos internamente.

La desconexión con ambas genera hipervigilancia, hipersensibilidad y la sensación de no tener una zona estable en la que apoyarse. El seis es muy intuitivo y eso podría ser una buena manera de conectar con su interior, pero él no se fía. Cuestiona e invalida sus percepciones e impulsos, que irónicamente son los que podrían ayudarle. Dar credibilidad a su propio proceso será la única forma de profundizar y reconectar con su dimensión espiritual.

Con valor hará frente a sus recuerdos y a las partes de sí mismo que rechaza por miedo. Esta confrontación aumentará su coraje y entrará en un ciclo de crecimiento. Este enfrentamiento interno le hará ver aquellas enseñanzas aceptadas y nunca cuestionadas, explorará su infancia para detectar las razones de su falta de confianza y se dará cuenta de que lo aterrador de verdad es el miedo en sí, independientemente de lo que pueda o no ocurrir. Así por fin descubrirá su naturaleza inquebrantable.

 

- El eneatipo tres

El tres reacciona a la falta de apoyo en su infancia con un “lo haré yo solo”. Sintieron que les valoraban por lo que hacían, no por lo que eran. Por eso, basándose en los valores de la familia o cultura imperante, quieren lograr lo que suponen importante.

Tienen tres nombres para su Idea Santa: la Ley Santa, la Armonía Santa y la Esperanza Santa. La Ley es comprender que todo lo que existe es una manifestación del Ser expresándose (eso incluye nuestros cuerpos y almas). La Armonía es percibir la relación armoniosa en todo ello. La Esperanza es el resultado de integrar la Ley y la Armonía Santas: la necesidad innata de conectar con lo que somos verdaderamente.

En este eneatipo la separación entre la esencia y la personalidad es en el que se siente de forma más fuerte. Ya que se identifican con la segunda y la convierten en esencial. De ahí una sensación de que no tienen valor, de que los éxitos sean siempre insuficientes. Ese crítico interno son los mensajes de sus padres bien interiorizados, que no le dejan cuidarse y parar. Se mienten para seguir adelante, buscan justificaciones que llegan a creerse.

Su reconexión comienza desde la consciencia de que se mienten a sí mismos. Explorar en su interior, ver cómo se identificaron con valores (familiares y culturales) que no le son propios. Ahí le será difícil reconocer lo que siente o quiere y se encontrará frente a un abismo doloroso. Estarán tentados a ver resultados inmediatos o a sacar provecho de su propia evolución, de forma material o como elogios por todo lo que hacen para avanzar.

Ese vacío que sienten es la distancia que han tomado de sus profundidades. Sintiendo compasión por ellos mismos poco a poco su percepción de sí mismos cambiará y se sentirán auténticos, descubriendo que no son una personalidad experimentando la esencia, si no la esencia en sí misma.

 

- El eneatipo uno

Este eneatipo mira a su alrededor y a sí mismo evaluando todo como imperfecto. Eso le hace sufrir y en su angustia intenta que tanto él como los que le rodean apliquen correcciones para llegar a ese ideal del que se desconectó.

Es decir que la Idea Santa con la que ha de reconectar es la Perfección Santa. En conexión vería que todo es verdaderamente correcto, cada alma en inherentemente perfecta y cada evento también. Para verlo con claridad es necesario elevarse de este plano y mirar en su profundidad interna.

Necesita ver que cuando juzga en realidad no lo está haciendo comparando algo con el absoluto sino con normas subjetivas que ha aprendido en su cultura, valores familiares, preferencias personales e historia. Es decir, una perfección en el ámbito de la personalidad, no del Ser.

Desde esa visión más elevada no hay bueno o malo, sino compasión con el sufrimiento. Ello implica abandonar la crítica, la tendencia a controlar a los demás, la represión, la frustración, la indignación y la ira. Liberarse de predicar y aconsejar para dejar de reaccionar. Eso supone aceptar y permitir las experiencias, sin oponerse y reaccionar. Puede hacer algo con ellas, sentirlas plenamente y transformarlas. Así el uno se expresará de forma clara, tolerante y tranquila.

 

- El eneatipo cuatro

Internamente echan algo de menos desde siempre, hay un sufrimiento interno aparentemente inconsolable. Como niños pudieron interpretar que hubo un abandono o una sensación de carencia en su relación con la madre, a la que identifican con el Ser. Ese drama les hace creer que el mundo está en deuda con ellos. Todo ello en realidad es una desconexión con lo Divino.

La Idea Santa de este eneatipo es el Origen Santo. Todos partimos de una misma Fuente, que es el Ser, y todos somos parte de ella.

Los cuatro relacionan el contacto con su interior con las emociones. Si llevamos al consciente que las emociones son sentidas por nuestra personalidad, nos damos cuenta de que lo único que hacen es reforzarla. Mientras llegan a esta conclusión creen que el anhelo y el sufrimiento les mantiene conectados con aquello que perdieron y que relacionan con lo original, lo auténtico y creativo.

Abandonar la búsqueda les dará paz. Deben soltar y dejar de necesitar ser diferentes, dramáticos o avergonzados. Al rendirse se abrirán hacia lo que ocurre, reconocerán cómo se juzgan y censuran por no alcanzar lo que son los demás o lo que es su imagen interior idealizada.

Paradójicamente cuanto más inmersos estamos en la experiencia más nos desidentificamos de ella. Este eneatipo necesita vivir la experiencia sin drama y sin alejarse, aceptando la simplicidad y la calma para desplazar su falsa personalidad y darse cuenta de que ellos son la Fuente misma.

 

- El eneatipo dos

Desea amor y, en lugar de pedirlo, lo da. Al hacerlo espera que los demás se lo devuelvan. A través del contacto con los demás espera llegar a sus propias profundidades, por tanto rechaza su propia experiencia.

Su Idea Santa tiene dos nombres: Voluntad Santa y Libertad Santa. La primera es aceptar que ocurre lo que Dios quiere que ocurra, lo entendamos o no. Juzgarlo es una opción que deriva del orgullo. La Libertad habla de que solo rindiéndonos a lo que ocurre seremos verdaderamente libres, esto implica no imponer o manipular lo que queremos.

El dos carece de la sensación de tener importancia por derecho propio, por tanto intenta imponerse. Al creer que no es digno de amor, manipula para obtenerlo y está convencido de que si lo consigue podrá ser quien es realmente. Este ser condicionado es más personalidad que esencia.

Para desarrollarse el dos ha de dedicarse la atención y darse el amor que necesita, sin esperar nada de los demás. Conectar con su interior y con su cuerpo hará que reduzca drásticamente sus actividades frenéticas. Tendrá que estar pendiente y reconocer su orgullo, observar que es esclavo de sus deseos y ver cómo su autovaloración varía en función de si se siente o no amado. Al hacerlo podrá darse cuenta de que es digno de amor simplemente por lo que es. Abriéndose a sí mismo, aceptará a los demás y podrá dar y recibir ese amor que tanto desea.

 

- El eneatipo ocho

Cree que la vida lo ha tratado injustamente, que tiene que hacer justicia para que todo esté como tiene que estar. Algo pudo ocurrir en su infancia de lo que no tuvo capacidad para defenderse, se culpa en lo más profundo por haberlo permitido y su actitud le protege de volver a tener que experimentar esta impotencia e indefensión.

Esa armadura en realidad le mantiene desconectado de sí mismo. Su Idea Santa es la Verdad Santa. La iluminación consiste en ver más allá del engaño de lo dual, ver la Verdad es reconocer que somos una unidad indivisible y multidimensional, que el mundo físico y el divino son lo mismo.

Para verlo el ocho debe dejar el enfado, la necesidad de dominar y controlar. La lujuria que sienten es pura codicia por la vida, por poseer lo que aman y desean, una forma de agresión donde la lucha es placentera en sí misma. Todo para disminuir la sensación de muerte interior.

Aceptar lo que sienten en sus cuerpos sin juzgarlo como sensiblería o chorrada es un primer paso. Deben reconectar con la inocencia para acercarse a las experiencias sin defensas, sin imaginar amenazas, sin pensar en el pasado. Experimentar el dolor en cualquier caso le ayudará a comprender que fue incapaz de hacer nada cuando era niño.

 

- El eneatipo cinco

El alma del cinco “está congelada en el estado del niño más allá de las lágrimas y de la rabia”, en palabras de Sandra Maitri. Es esa sensación de no haber sido atendido y no poder hacer nada a parte de resignarse y desconectarse hasta el extremo de ser incapaz de hablar. Esta sensación pudo venir de la relación con su madre, a la que sintió bien como invasiva bien como poco atenta y amorosa. Al relacionar a la madre con el Ser, pierde su sensación de conexión con el Ser, con los demás y con la realidad.

La Idea Santa del cinco tiene dos nombres: Omnisciencia Santa y Transparencia Santa. La primera es el estado de tener una comprensión completa de la realidad y la segunda es verse como una manifestación del Ser vinculada de forma natural con el resto del universo.

Es frecuente que este eneatipo sustituya la experiencia real por la mental. Se esfuerza en dar un sentido a lo que ocurre sabiendo en lo más profundo de sí que nada puede sustituir su contacto con su alma. Eso es lo único que le transformará, algo que le da mucho miedo.

Para ello ha de renunciar a sus autosabotajes. Dejar de juzgarse a sí mismo como débil, ineficaz o vacío. Y es precisamente el miedo al vacío lo que debe experimentar, al hacerlo perderá su miedo y esa distancia que ha tomado consigo mismo. Vivirlo lo hará menos real y le permitirá contactar con la realidad con todo su Ser.

 

- El eneatipo siete

En el utópico futuro del siete todos sus deseos serán satisfechos. Mientras debe hacer lo que puede con la realidad en la que habita y que no le gusta. Siente que en ella no puede desarrollar todo su potencial, por tanto intenta descubrir cómo funciona todo, para poder reconducirlo en su propio beneficio.

Su Idea Santa tiene tres nombres: Trabajo Santo, Plan Santo y Sabiduría Santa. Está relacionada con que nada de lo que ocurre es accidental. Hay una inteligencia y una lógica no lineal, no predecible. Por tanto intentar saber a dónde vamos y cuánto tardaremos en llegar hace que perdamos el contacto con lo que ocurre. El Ser confía en las leyes naturales de su desarrollo, es la personalidad la que intenta anticiparse a todo.

Por eso el siete se aburre como un perpetuo adolescente y tiene tendencia a abandonar cuando necesita implicarse y perseverar. Esto no es más que una defensa, ya que confía más en el conocimiento mental que en el vivido. Al implicarse, esforzarse y dedicar tiempo a algo corre un peligro: decepcionarse a sí mismo descubriendo sus propios límites personales y sus dificultades.

De ello le protegen sus estructuras mentales que filtran la realidad impidiéndole disfrutarla y vivirla plenamente, aunque es eso precisamente lo que desea. Experimentar lo que es y no lo que desea es su camino. Para ello debe estar preparado para ver la verdad sobre sí mismo sin experiencias estimulantes, sentir el dolor sin razonarlo y sustituir la gula por la moderación y el auto dominio. Así llegará a vivir en concordancia con su Ser sabiendo que su viaje interior es el objetivo último.

 

La información de este artículo sale del libro "La dimensión espiritual del eneagrama" de Sandra Maitri. Para todos los que sabéis algo de eneagrama lo recomiendo muchísimo.

 

 

 

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