“Quién sabe qué habrá cuando muramos”; “Habrá que esperar para verlo”; “No ha venido nadie para contárnoslo”. Todas estas frases las hemos oído habitualmente y ninguna de ella se basa en algo real. Existe la suposición de que mientras estemos en este cuerpo físico no podremos conocer, sentir o ver lo que hay “al otro lado del velo”. Es decir que en algún punto tuvimos que elegir: si tenemos cuerpo material no podemos experimentar los cuerpos sutiles. ¿Quién nos ha contado eso? ¿De dónde hemos sacado esa idea?

Supongo que la base de todo ello es que no somos seres multidimensionales. La buena noticia es que sí que lo somos. Y además estamos avocados a asumirlo y ejercerlo. Solo es cuestión de tiempo.

Claramente el camino desde donde estamos ahora (en una realidad materialista) a una realidad multidimensional lo tenemos que hacer nosotros.

Ya ha habido pioneros en este campo en el siglo pasado, aventureros que se han atrevido a comenzar su exploración por dimensiones ignotas y han vuelto para contarlo. Para mí dos de los más destacados son Robert Monroe y William Buhlman.

Ninguno de los dos creía en un comienzo en las experiencias fuera del cuerpo, también conocidas como viajes astrales, pero ambos terminaron rindiéndose a lo evidente. Personalmente siempre recuerdo haber tenido miedo por la noche, la sensación de que dormir era como morir, de que estaba acompañada y de mil cosas más que muchos hemos vivido como terrores nocturnos infantiles. Algunos se olvidan de esta etapa con el tiempo y otros duermen con una luz encendida toda la vida.

Cuando fui por primera vez a un curso de viajes astrales me parecía la mayor frikada del mundo mundial, lo hice solo porque se lo había prometido a un amigo. Lo que allí decían en general me resonó como cierto, pero lo del viaje… vamos ¿de verdad hay gente que cree en eso? Y como no creía que funcionara hice todos los ejercicios energéticos, las meditaciones y todo lo que me sugirieron porque sencillamente no creí que fuera a pasar nada. Hasta que un día me encontré en el techo de mi habitación.

Doy muchos cursos y si me preguntan si hago normalmente viajes astrales la respuesta es no. Pero si quiero sé cómo hacerlos y sobre todo sé que yo también soy eso, y lo sé no porque lo haya leído en un libro, ni porque me lo hayan contando, mi certeza es así de fuerte porque lo he experimentado y eso me cambió por dentro.

Perder el miedo a la muerte, tomar conciencia de que somos más que un cuerpo físico, saber que estamos aquí por algo, que somos seres de luz… Todo ello da fuerza para seguir el camino día a día.

Realizar viajes astrales para sentirnos especiales, o más especiales que los demás, no tiene sentido alguno. Todos somos especiales, todos tenemos algo único que ofrecer, todos venimos a lo mismo. Esto no es una cuestión misteriosa, mágica ni que tenga que dar miedo, sencillamente es una parte de nosotros.

Por eso me molesta leer que esto no debería hacerlo todo el mundo ¡todos somos seres multidimensionales! ¡Todos! Y en cuanto aceptamos esa realidad por increíble que parezca nos arraigamos más en la Tierra. Entendemos nuestra reencarnación, la aceptamos y no vamos por la vida intentando que nada nos afecte porque sabemos que estamos aquí para afectar y ser afectados. Esto es un sistema abierto que se enriquece de los demás.

A nadie se le escapa que todos podemos aprender a tocar el piano, eso sí habrá quienes tengan un don natural y en seguida lo hagan como si llevaran toda la vida en ello, y otros serán más lentos y necesitarán más tiempo para cada paso.

Al poner en práctica las técnicas del Viaje Astral esto también es así, pero lo importante es que todos podemos tener experiencias. La práctica, la decisión firme de conseguirlo y la constancia son básicas aquí.

Esto choca bastante con nuestra actual cultura del “instantáneo”. Recordemos que nuestro ritmo no es el de nuestra mente (realmente muy rápido) si no el de la naturaleza, que al paso va integrando los cambios.

Tanto si decides realizar un curso, como leer un buen libro sobre el tema (hay muchos muy malos que meten mucho miedo), el paso es sí es importante. Puede que luego practiques o no, pero ya tendrás unas bases, una idea de cómo es ese desconocido más allá.

Personalmente pienso que ese más allá es más nuestro hogar que este más acá, pero creo que lo hemos olvidado. Mientras estamos aquí es bueno al menos recordar un poco, integrar la información sobre nuestros demás cuerpos y saber qué podemos y no podemos hacer allí. Porque intentemos o no salir del cuerpo y tener una experiencia astral de forma consciente, siempre la podemos tener de forma no buscada y es mejor estar preparados. El mejor antídoto para el miedo, es el conocimiento. Así podremos disfrutarla, manejarnos y volver felices sabiendo más de nosotros mismos.

 

 

 

 

 

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