Hace un tiempo que no escribo, pero ya mismo vais a saber por qué jeje

Este post lo estoy escribiendo dos días después de elegir mi vestido de novia, una experiencia que me ha permitido descubrir mucho más sobre mí misma y sobre todo lo que ello implica. Obviamente lo mandaré después de mi boda, vaya a ser que el novio se entere de algo jeje.

Elegir un vestido de novia para un 8 ala 7 como soy yo (hablo del eneagrama) implica que antes de nada tengo que ver todos, todos, todos los vestidos de novia del mundo para asegurarme de que el mío es el que tiene que ser (como si pudiera ser de otra forma O_o). Después de hacerlo elegí varios que tenían un estilo que me gustaba y empecé el proceso de pruebas. Resulta que lo de estimar un presupuesto sirve de poco porque en las webs no te dicen los precios de los vestidos, así vas, te encaprichas y te lo compras.

Las amables dependientas te dicen que no escuches las opiniones de nadie, que cuando te lo pongas y sea tu vestido lo sentirás. ¿Cómo te quedas? Estas señoras saben mucho. Así que allí fui yo dispuesta a entregarme a los rituales de ver vestidos con amigos/madre y a "sentir" el mío. Y cuantos más me probaba más nerviosa porque yo no sentía nada de nada. Eso sí, una descubre que esto es todo un mundo y que lo difícil es no estar divina con una de estas prendas, elijas la que elijas.

Preocupada por no sentir nada llamé a una de mis amigas que se casó hace un par de años y la dije que todo muy mono, pero que yo me sentía bastante disfrazada con ellos y que quería sentirme yo, a lo que me aclaró que no esperara sentirme yo, que iba de novia y que era normal el tema de sentirse en un carnaval. Después de escuchar eso por una parte me tranquilizó "pues mira es normal y debería relajarme" y por otra me salió la rebeldía "joder, ¡yo no quiero disfrazarme!".

Total que una se despierta a las 8 de la mañana de un domingo y sigue mirando compulsivamente vestiditos porque alguno será para mí, vale sí que tengo mis cosas, pero en el mundo alguien debe pensar como yo. Esa era mi parte romántica que no pierde la fe, la práctica decía que me había probado tres que me habían gustado, que estaban rebajados, que era para un solo día y que al día siguiente eligiera cualquiera y terminara de sufrir por una estupidez.

He de decir que mi entrada de cabeza a "esto tiene que convencerme y miraré compulsivamente hasta que lo consiga" mi chico lo llevó estupendamente, más majo. No me extraña que quiera casarme con él :-)

Para no estresarme en exceso me di un plazo, dos días más de mirar vestidos y ya elijo, y san se acabó. Voy a la primera tienda, me pruebo el único que quedaba de la colección que me gustaba, además solo lo tienen en negro en ese momento y ¡sí! ahí estaban las señales "¡oh my God! ¡con este me siento yo" y otra vocecita que dice "pero este no tiene una tela súper estupenda, ni es de un diseñador mega maravilloso, ¿qué pensarán tus nietos cuando vean un vestido que no es, hablemos claro, digno de una princesa?". Pues sí, en estos momentos una toma conciencia de que las fotos de las boda las verán tus nietos, y una quiere estar a la altura de la circunstancia. ¿Estúpido? En parte sí. ¿Normal? Después de todo lo que nos meten a las mujeres en la cabeza durante toda nuestra educación, pues también.

Así que puedo elegir entre ir a lo Audrey Hepburn en "Desayuno con diamantes" (¿a quién no le gustaría ir un día a lo Audrey?) o ir de mí misma. De eso no tomé conciencia hasta más tarde, porque de verdad ir de Audrey haría sentir bien a cualquiera. ¿Por qué? Por la reacción de los demás. Sí señores, una toma conciencia de que piensa en el qué dirán ¡cuando yo creía que eso lo tenía superado! Pues mira tú que en este punto no. Creo que es normal porque ¿a quién mira todo el mundo en una boda? ¡a la novia! o_O

Conclusión: Audrey ganaba en mi cabeza, aunque no en mi corazón. Hasta que le pregunto a uno de mis amiguísimos aquello de "oye ¿tú con qué vestido me ves?". Y él me dice cuál es su preferencia: ese que a mí me gustó, pero que pensando en mis nietos había decidido que quizás no estuviera a la altura de las circunstancias. Yo le explico la gran responsabilidad que me he dado cuenta que tengo con la elección de mi vestido (obviamente todo esto es una auténtica estupidez, es solo que en estos momentos nos salta a la cara toda nuestra maravillosa educación fruto de una sociedad patriarcal en la que nos educan para que ese día vayamos de vírgenes, de princesitas inocentes a las que entregan a un hombre que nos protegerá, y sí, yo también entro en estas tonterías, de eso no me salva nadie. Bueno, en este caso me salvó un amigo). Seguimos hablando y se abre a mí con una bonita historia familiar "Mira, antes de su boda mi hermana me llamó y me preguntó qué era ella si una princesa o una reina, y tuve claro que ella era una reina. En tu caso, Raquel, esperaba que estuvieras por encima de todo eso y decidieras simplemente ser tú. La decisión que tomes puede que hable de lo que has sido y también puede hablar de lo que eres o de lo que quieres ser. ¿A quién quieres que vean tus nietos cuando vean esas fotos? ¿A qué Raquel? A lo mejor no tienes porqué ser ni una princesa ni una reina y puedes simplemente ser feliz". ¡Zas en toda la boca! Toda la información patriarcal grabada en mi mente, en mi cuerpo y en mi alma durante una vida, durante generaciones la borra un hombre, un hombre que es mi amigo y que me quita la tontería de un plumazo. A esto le llamo yo equilibrar las fuerzas del Universo.

Ahora visto con un poco de espacio entiendo la sabiduría profunda en ello. ¡Solo podía ser un hombre quien rompiera esta energía! Las mujeres estamos demasiado dentro de ella. Tenemos que limpiar mucho y necesitamos su ayuda para verlo, ellos deben sacar nuestro poder femenino y nosotras hemos de sacar el de ellos.

Así que en ese momento decidí no ser una princesa ni una reina, porque no soy ninguna de las dos cosas. Decidí que él tenía del todo razón, di gracias al cielo porque aunque el camino a veces es duro estoy inmejorablemente acompañada y decidí comportarme como una Diosa. Decidí ser yo, ser libre y elegir.

Claramente da igual el vestido que elegí, lo importante es las razones por las que lo hice. Cada día deberíamos tomar consciencia de que cada decisión debe ser coherente con nuestro ser, elijamos lo que elijamos, dejemos hablar al Dios/Diosa que hay en cada uno.

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