¿Qué es la tradición? Algo que alguien comenzó a hacer, se repitió en el tiempo y, a fuerza de repetirlo, establecemos con ese acto repetitivo una relación emocional, lo hacemos nuestro. Pasa a formar parte de nuestra zona de seguridad.

Tradición puede considerarse desde incluir el aceite de oliva en nuestras comidas a matar un toro lanceándolo de manera brutal. Es decir, que en la tradición no interviene ni la consciencia ni la razón.

Como terapeuta estoy acostumbrada a tener este diálogo con mis pacientes:

“- ¿Cómo te sientes al hacer eso? ¿te hace más feliz? ¿alguna vez te lo has replanteado?

- No, en mi familia siempre ha sido así. Las cosas son así.

- Las cosas no son de ninguna manera, nosotros podemos elegir cómo son las cosas. Lo contrario es una creencia.

- ¿Ah sí?”

Lo que se graba en el cerebro de pequeños, se vuelve inconsciente y se asume como normal.

Si toda la vida vimos cómo nuestra madre servía y obedecía a los hombres de la familia, quizás como mujeres tengamos la tendencia a hacerlo. En tal caso buscaremos un marido que se ajuste a los cánones familiares e interpretaremos el rol de nuestra madre. Sin replanteamiento alguno, sencillamente porque es lo que hemos visto toda la vida. Y es que lo que se graba en el cerebro de pequeños, se vuelve inconsciente y se asume como normal.

Lo que pasa es que eso no necesariamente tiene que ser sano o hacernos felices. Aunque nos sentimos bien al repetir el patrón, ya que nos permite sentir la pertenencia al clan y nos mantiene en la zona de seguridad, la verdad es que algo en nuestro interior sabe que haciéndolo no estamos bien. Según la circunstancia también puede decirnos que eso no es justo, que algo falla en el planteamiento.

Como son mecanismos inconscientes no nos damos cuenta, los asumimos como normales, no son replanteados hasta que son tan dañinos para nuestra vida que no nos permiten seguir con ella en un estado saludable. Muchas veces incluso así, seguimos defendiéndolos a cualquier precio.

Porque el replanteárnoslos implica salir del confort, de lo conocido y quizás eso lleve a enfrentamientos con personas que nos importan.

Como vegetariana, sé que he causado dolor a mi familia con esta decisión. De alguna forma ellos interpretaban al principio que de forma subliminal yo les estaba diciendo que me habían educado mal, que lo suyo era incorrecto, que eran malas personas. A día de hoy es algo más sencillo, pero no mucho. Nuestro país celebra comiendo, realiza encuentros familiares comiendo, hace negocios comiendo. Todo implica comida y se le da gran importancia. Es nuestra cultura. Y cuando alguien dice que algo referido a eso no va bien, supone una ruptura, un enfrentamiento a la tradición, algo se rompe.

Para avanzar, hay que romper.

El caso es que para avanzar, hay que romper. Dejar atrás el miedo, el aferrarse a lo conocido y dar un paso adelante, porque si todo sigue igual ¿a dónde nos lleva eso? Literalmente a ningún sitio. Y los sistemas cerrados, tienden a extinguirse.

Hoy en Tordesillas (Valladolid) van a matar a un toro llamado Rompesuelas. Desde las dos de la madrugada los del pueblo están con él jaleándole para que no pueda dormir, para que por la mañana no pueda huir. Van a llevarle a una zona donde los del pueblo armados con lanzas tienen intención de perseguirle y matarle cruelmente. Todo en nombre de la tradición.

A pesar de la presión nacional, e incluso internacional, probablemente las autoridades no hagan nada por miedo a perder votos. De nuevo el miedo.

Puede que alguno de los que hoy usarán esas lanzas sepa en lo más profundo que lo que hace es una aberración, y a pesar de todo siga adelante por su necesidad de pertenecer al grupo, por el miedo al rechazo, aunque sea enfermizo.

Abrir la mente, hacerse replanteamientos, ser flexibles, mirar con el corazón, observarnos.

Por todo eso estoy muy en contra de basar cualquier acto de nuestra vida en la tradición. Prefiero sin duda la consciencia. Esta implica abrir la mente, hacerse replanteamientos, ser flexibles, mirar con el corazón, observarnos. Y cuando uno hace todo eso, duele, porque hay que hacer cambios y renunciar a lo que había para comenzar a ser diferentes.

Eso, sobre todo, implica valentía. Un tipo de coraje profundo y real del que carecen las personas que hoy van a matar a un ser inocente, a Rompesuelas. 




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