Cualquier conversación que comienza con esta frase da mucho miedo. Automáticamente nuestro cuerpo reacciona con un nudo en el estómago, la mente se pregunta qué estará ocurriendo, busca sistemáticamente eventos de los que podamos ser culpables o que se nos hayan pasado en el día a día (aniversarios, cumpleaños…), y nos preparamos para lo peor. ¿No crees que es una lástima? Si habláramos habitualmente nada de esto pasaría. Sería algo totalmente normal, algo más del tipo:

- “Cariño, tenemos que hablar”

- “Pues claro, siempre me encanta compartir conversaciones contigo”

La vida, la pasión y las conversaciones incómodas están fuera de nuestra zona de seguridad

Con nuestra pareja después de un tiempo llegamos a rutinas que hacen nuestra vida más cómoda y sencilla. Hay mucho que damos por hecho: que estará cuando lo necesitemos, que nos queremos e incluso, los más románticos, que pasaremos juntos toda la vida. Digamos que esa persona está en nuestra zona de seguridad… qué gran error. Ese es un lugar carente de emoción, de aventura, de mimo. Salir a la zona de descubrimiento da miedo. Sabemos que allí podemos encontrar cosas que no nos gustan, que nos dañan, que nos hacen sentir inseguros, que no queremos. Es el sitio donde tienen lugar las conversaciones incómodas…. Y la vida.

Llegamos a acuerdos no hablados, de los que deberíamos hablar

Aceptar que nuestra pareja es un ser vivo independiente de nosotros, que puede no amar cada cosita de nosotros y tomar decisiones que no nos gusten nos hace sentir vulnerables. Lo curioso es que lo somos las 24 horas, lo que pasa es que evitamos pensar en ello y nos hemos autoconvencido de que aquello de lo que no se habla no existe. Para llegar a ese punto existen acuerdos implícitos, de esos de los que no se dice nada, pero que asumimos como ciertos e inmutables. Vamos a ver algunos de ellos y por qué deberíais de replanteároslos:

1.- Si lo que quiero para mi vida te puede hacer daño, mejor no te lo digo para evitarte disgustos. Evitar disgustos presentes puede ser una manera de asegurar disgustos mayores en el futuro. Si un miembro de la pareja va callando lo que realmente quiere (sea esto vivir en otra ciudad, cambiar de trabajo, tener o no tener hijos, etc.) sin mencionar nada porque cree que el otro no lo tomará bien está cometiendo varios errores. El primero es creer sin preguntar. Muchas veces asumimos las reacciones que van a tener personas que queremos y luego nos sorprenden, dejemos de montarnos películas y comencemos a vivir en un plano más real. El segundo es que con ello se está renunciando a una parte importante de uno mismo por el otro. ¿Qué puede generar eso? Solo resentimiento. Si lo que deseas de verdad puede dañar a tu pareja, lo primero es hablarlo y, en el caso de que de verdad sea así, intentar buscar soluciones juntos. Renunciar a ser lo que eres no es una opción si deseas ser feliz.

2.- Si algo de ti no me gusta, debo de intentar vivir con ello sin mencionarlo para no hacerte sentir mal. Cuando la persona con la que compartes tu vida te dice algo sobre ti que no te gusta lo normal es que duela. Podemos negar lo que nos dicen, montar una escenita en plan víctima o abrirnos a ver el punto de vista del otro. Lo que nuestra pareja nos dice siempre esconde una oportunidad. No quiere decir que tengamos que estar de acuerdo con lo que nos dice, pero solo el hecho de planteárnoslo puede hacernos ver partes de nosotros a las que nunca antes prestamos atención.

3.- Si de vez en cuando tengo ganas de estar en soledad o con otros amigos sin ti, me aguanto porque somos pareja y hay que hacer todo juntitos. Como dice Esther Perel, para que haya fuego tiene que haber aire. Es bonito compartir mucho con nuestra pareja, lo que no hace falta es compartir todo. Los momentos de soledad son básicos para conocernos más a nosotros mismos y el estar con nuestros amigos sin nadie más es genial para ponernos al día, escuchar opiniones diferentes o simplemente para tener un momento divertido. Ser “uno” con nuestra pareja es tremendamente insano. Siendo dos nos aportamos mucho más, aceptamos que somos distintos y no damos al otro por seguro. De esa manera hay más mimo en la relación, más cuidado. Eso nos gusta a todos.

4.- Si otras personas me atraen, no digo nada porque te hago sentir miedo. Somos seres sexuales, lo que no quiere decir que tengamos que salir detrás de cualquiera porque nos atraiga. Negar que nos gusta este o aquella es sencillamente mentir. Aceptar que ambos nos podemos sentir atraídos por otras personas, no solo es más honesto, también nos hace apreciar que incluso así día a día decidimos quedarnos al lado de nuestra pareja porque nos encanta.

Cada miembro de una pareja viene de un universo diferente y tenemos que inventarnos uno nuevo que compartamos

Como estos acuerdos hay muchos más, si piensas un poco verás que suelen ser comunes en la sociedad. Está claro que todos tenemos intenciones estupendas y que detrás de todo lo anterior hay un mandato mayor que podemos resumir en “intentar no hacer daño”. El caso es que somos humanos y nos dañamos mutuamente todo el rato. Ocurre porque venimos de mundos distintos, cada uno ha tenido una infancia, una familia, unas normas sociales según donde naciera… y todo ello es lo que considera “normal”. Al estar en pareja dos mundos se chocan y hay que hacer acuerdos nuevos. Ello implica renunciar a cosas que para nosotros eran verdades absolutas, podemos tomarlo como un ataque o como una oportunidad. Ese dolor que sentimos cuando la persona a la que amamos nos dice algo que no nos gusta, no es otra cosa que el dolor de tener que renunciar a algo que considerábamos establecido, a nuestra zona de seguridad. Podemos evitarlo durante mucho tiempo, incluso por años, pero tarde o temprano saldrá de alguna manera que quizás no sea la mejor. Esas palabras que nos callamos por no hacer daño en el momento construyen muros entre nosotros, que puede que un día sean insalvables. Por tanto, quizás debamos acostumbrarnos a que la vida puede doler, y que nuestra pareja puede detonar algo en nosotros que nos haga daño. Al sentarnos a hablar desde el corazón y exponernos quizás descubramos que el otro no es quien nosotros deseamos como compañero, si ese es el caso mejor que ocurra lo antes posible para poder buscar a otra pareja más adecuada. También puede que de esas conversaciones salgan reflexiones que nos hagan crecer juntos, que nos cambien a los dos y nos conviertan una mejor versión de nosotros mismos. Si ese es el caso, pronto veréis que sí, que a veces hay conversaciones incómodas, pero que de ellas salen planteamientos de respeto, de honestidad, de descubrimiento, de aventurarse el uno en el otro, con algo de miedo y que eso no es malo. Al final es estupendo tomar al otro como un territorio donde permanentemente puedes vislumbrar algo nuevo, da una sensación estar vivos que alimenta las ganas de estar juntos.

Raquel Rús

www.librocomunicacionconsciente.es

 

Este artículo ha sido originalmente publicado en Febrero de 2017 por la Revista Universo Holístico. La revista es de distribución gratuita así que lo mismo está en tu herbolario.

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