Aprender a respirar, comer más sano, cuidar nuestro cuerpo, atender a nuestro niño interior… Poco a poco todos de una u otra forma estamos preparándonos para la nueva energía en la que ya estamos entrando. La llamada Nueva Era trae entre sus características un mayor amor y respeto por nosotros mismos, en primer lugar, y por el otro después.

Esta vibración, además, no prevé la llegada de un nuevo “Mesías” sino que será un cambio colectivo a nivel global. Y si todos juntos hemos de llevar al planeta a una Nueva Conciencia antes de nada hemos de ponernos de acuerdo ¿no? Pues por ahora, y hasta que mejoren nuestras dotes telepáticas, eso solo se puede hacer de una forma: hablando.

Pero ¿nos entendemos cuando hablamos?, ¿nuestras palabras son sinceras y claras?, ¿desde dónde hablamos?¿desde el corazón y la mente o desde el estómago? Entonces ¿está nuestro lenguaje adecuado a la nueva energía? Claramente es algo en lo que también podemos mejorar.

Es verdad eso que dicen de que hay otros mundos pero están en este. Cada vez que hablamos con otra persona estamos conociendo un nuevo planeta: con su historia, sus costumbres y, claro, su idioma. Lo que pasa es que cuando nos encontramos este mundo por descubrir en realidad pensamos que es exactamente como el nuestro. Suponemos que su historia es la nuestra, con lo que interpretará lo que hagamos como lo haríamos nosotros. Suponemos que también compartimos costumbres, por tanto no tenemos nada que explicar sobre lo que hacemos y porqué. Y, como ya imaginarás, también creemos compartir idioma. Así que hablamos en nuestro idioma y esperamos que nos entienda y cuando no lo hace nos sentimos dolidos, frustrados o pensamos que el otro es sencillamente idiota. Porque es obvio que nosotros hablamos muy claro.

Y es que lo habitual es que todos, todo el tiempo, hablemos de nosotros mismos. Y todos, todo el tiempo, nos escuchemos a nosotros mismos.

¿Cuántas veces mientras el otro habla estamos más pendientes de nuestra respuesta que de aquello que nos cuenta? Hay quien de hecho usa la conversación con el otro como terapia porque tiene la necesidad de sacar algo que lleva dentro y le da igual como pero lo hace. Así se dan conversaciones tan absurdas como “Hace un día muy bonito” “¿Bonito? Bonito lo que me ha hecho a mí Juanita, menuda es. ¿Puedes creer que blablablabla?”. Y ya nos enganchó, de forma literal. Porque hay muchas conversaciones que más que aportarnos nos están quitando energía. ¡Es mucho mejor elegir aquellas que solo nos aportan!

Nos enseñaron que hablar así era normal y, una vez más, la norma está enferma.

Está claro que no hay una mala intención detrás de las actitudes que hemos descrito, simplemente hay un desconocimiento. Nos enseñaron que hablar así era normal y, una vez más, la norma está enferma. Por eso hay que cambiarla, porque nos hace daño y no nos deja llegar al otro, nos aísla.

Según la Real Academia de la Lengua comunicar es “transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor”. Y es verdad lo que decíamos antes de que cada persona es un mundo pero también lo es que esos mundos tienen algo en común: quieren ser tratados con Amor. Así que realmente sí que tenemos un lenguaje común: el del corazón.

Como dice el Dr. Mario Alonso Puig para establecer una conexión con otro ser humano es necesario quitarse el traje de “experto” y ponerse el de “explorador”. Desde el “experto” ya sentimos que lo sabemos todo y, por tanto, no tenemos necesidad de escuchar al otro, estamos en el “Yo”, en la necesidad de llevar la razón y de impresionar al otro. Si nos ponemos el traje de “explorador” vemos a la persona que tenemos enfrente como un mundo por descubrir, nos nace mostrar interés y preguntar, podemos dejarnos sorprender, ya estamos en el “Nosotros”.

En este sentido hay tres consejos más que sumar para empezar a tener una comunicación desde el corazón, una comunicación consciente:

-       Aplazar conversaciones cuando no estamos en nuestro centro. No es una retirada, es aplazar para no arrepentirse de lo que se pueda decir.

-       Hablar de nuestros sentimientos y emociones sin juzgar al otro. Pasar del “Eres muy desconsiderado cuando haces eso” al “Siento que no piensas en mí cuando haces eso”.

-       Evitar atacar directamente al otro. Si no atacamos el otro no se defenderá y permanecerá abierto a establecer una conexión.

Al hablar de “Comunicación Consciente” estamos hablando de aquella donde tomamos consciencia de cómo estamos al hablar, qué tono usamos, qué palabras elegimos, cómo está nuestro interlocutor y qué mensaje nos transmite por debajo de sus palabras. Es decir que estamos presentes en esa comunicación porque sabemos que las palabras no son solo palabras, son energía que nos afectan a nosotros y a los que las escuchan.

En Oriente desde tiempos muy antiguos usan los mantras, rezos y cánticos cada uno con una intención para materializar lo que desean en cada momento (paz interior, protección, mover energía…). Y es ahora cuando los investigadores están descubriendo que efectivamente esas palabras tienen un patrón energético determinado que afecta a lo que nos rodea. Hace ya años que Masaru Emoto demostró como podemos cambiar la energía del agua solo con hablarla. De manera que con palabras como “Gracias”, “Amor” o “Esperanza” el agua cristaliza en hermosas formas hexagonales y con “Guerra”, “Odio” o “Estúpido” es incapaz de formar estructura alguna. Recordemos que nosotros somos agua en un alto porcentaje con lo que hagámonos la pregunta: ¿cómo afectamos a nuestro propio cuerpo cuando tenemos una comunicación inconsciente? ¿y al de los demás?

La palabra lleva con ella la energía más poderosa: la intención. Y cuando esta nace en el corazón con emociones positivas como la esperanza, la sinceridad o el cariño inmediatamente afecta a todo lo que hay a nuestro alrededor. Esto lejos de ser una forma de hablar es ya un hecho científicamente comprobado.

En el corazón hay más de 40.000 neuronas procesando información

En el Instituto HeartMath de California han descubierto que los patrones rítmicos del corazón influyen en el funcionamiento del cerebro y de todo el cuerpo. Obviamente cuando estamos serenos y felices nuestro ritmo cardiaco es mucho más equilibrado que cuando estamos en momentos de estrés. Y el mensaje que envía el corazón, donde hay más de 40.000 neuronas procesando información, al cerebro sobre nuestro bienestar influye en nuestra salud psicológica y física, facilitando nuestra capacidad natural de regeneración, mejorando nuestro sistema nervioso, cardiovascular y hormonal, así como el cognitivo. Decir que tener emociones positivas es realmente bueno para nosotros, lo teníamos más o menos claro, pero resulta que también han descubierto que el campo electromagnético del corazón es el más fuerte de todo el cuerpo, tanto que es registrado fisiológicamente por las personas en nuestro entorno ¡influenciando la actividad de sus cerebros equilibrándola o desequilibrándola!

Por tanto, con nuestras emociones y pensamientos y, por supuesto con su manifestación que son las palabras, somos capaces de cambiar la energía que hay a nuestro alrededor y, cuantos más seamos, más fácil será que ese cambio sea global. Es tan sencillo como aprender a hablar el lenguaje del corazón.

 

Este artículo ha sido originalmente publicado en Julio de 2011 por la Revista Espacio Humano.

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